martes, 5 de agosto de 2014
La plaza
Caminaba por la vereda mirando a la gente, hermoso cielo celeste y llegué a la plaza y me senté en un banco de cemento, que estaba un poco roto. Abrí una carpeta de dibujo, y comencé a dibujar los árboles con sus brotes crecidos.
Estaba dibujando, mirando a los niños que estaban jugando en las hamacas, el tobogán, la calesita. Había un sol que quemaba como un fuego mi tez y una brisa calida que me acariciaba. ¡Era un día perfecto! De pronto una señora se sentó mi lado, miró mis dibujos y conversamos a hablar amigablemente cuando ella me pegó con un palo en la cabeza.
Me desperté en el hospital, aun mareado, sorprendido ¿Por qué me atacó esa señora?
La médica me contó que la señora creyó que yo era su marido y como éste le pegaba, se quiso vengar. Esa mañana se había escapado del psiquiátrico.
¿Quién puso la bomba?
Era un día de lluvia intensa, en su casa estaba Raúl, que era médico veterinario. Estaba trabajando en su laboratorio con animales vivos y muertos. Quería construir un perro nuevo, cociendo las patas a un cuerpo de un ovejero, poniendo ojos y orejas, la cola… así armando el perro de sus sueños.
Nueve meses después, Raúl había logrado su perro ovejero alemán. Los vecinos estaban preocupados porque habían escuchado ladridos extraños, ruidos que no comprendían.
Una mañana el vecino Oscar vio a través de su ventana un animal que le era desconocido, que vagaba por su jardín. Sintió un miedo profundo.
Corrió al baño, se sentó en el indoloro y descubrió que no había papel higiénico, al mismo tiempo que se dio cuenta que había una bomba. No podía separar su cuerpo del artefacto porque la había activado.
¿Y ahora qué hago? No había nadie a quién llamar. Se quedo en silencio, esperando…
Ya era la tarde cuando llegó Claudia, la señora que hacia la limpieza en la casa de Oscar y se encontró con la sorpresa.
Corría, gritaba ¿Qué pasó? ¡Auxilio!
Más calma llamó a la policía que en pocos minutos llegó.
El Jefe de policía le avisó al escuadrón desactivador de bombas, que llegaron con herramientas y computadoras con la que, con cuidado extremo, detuvieron el conteo de la bomba.
Cansado y asustados festejaron que Oscar se había salvado.
Todos juntos en el sillón de living conversaban y la gran pregunta era ¿Quién puso la bomba? Y ¿Por qué?
Claudia dice:- fue el perro del vecino
Jefe la policía:- ¿El perro? ¿Usted, esta segura?
Claudia:-¡Sí!
El Jefe de policía, recorrió toda la casa, buscó huellas, rastros, que le permitieran descubrir la verdad.
Estaba buscando en la casa de Oscar y se encontró con unas huellas, que siguió y lo llevaron a la casa de Raúl. Entró y vio lo que había sucedido: había armado su perro robot.
Raúl:- ¡Si, es verdad! ¿Cómo lo supo?
El Jefe de policía relató lo que sucedió:-Encontré la sangre en el jardín, la analicé y descubrí que una pertenecía al perro y otra a su vecino. Oscar había ahorcado al animal ¿Por qué? Estaba cansado de que le ensucie el jardín y ya había secado un árbol de peras que él había cultivado desde pequeño.
Raúl había encontrado a su perro muerto en el jardín y se lo llevó a su laboratorio para hacerlo como un robot y en venganza, lo envió a colocar la bomba.
Terminó de llover, a Raúl lo llevaron detenido, Oscar y Claudia festejaron con papel picado.
Era un día de lluvia intensa, en su casa estaba Raúl, que era médico veterinario. Estaba trabajando en su laboratorio con animales vivos y muertos. Quería construir un perro nuevo, cociendo las patas a un cuerpo de un ovejero, poniendo ojos y orejas, la cola… así armando el perro de sus sueños.
Nueve meses después, Raúl había logrado su perro ovejero alemán. Los vecinos estaban preocupados porque habían escuchado ladridos extraños, ruidos que no comprendían.
Una mañana el vecino Oscar vio a través de su ventana un animal que le era desconocido, que vagaba por su jardín. Sintió un miedo profundo.
Corrió al baño, se sentó en el indoloro y descubrió que no había papel higiénico, al mismo tiempo que se dio cuenta que había una bomba. No podía separar su cuerpo del artefacto porque la había activado.
¿Y ahora qué hago? No había nadie a quién llamar. Se quedo en silencio, esperando…
Ya era la tarde cuando llegó Claudia, la señora que hacia la limpieza en la casa de Oscar y se encontró con la sorpresa.
Corría, gritaba ¿Qué pasó? ¡Auxilio!
Más calma llamó a la policía que en pocos minutos llegó.
El Jefe de policía le avisó al escuadrón desactivador de bombas, que llegaron con herramientas y computadoras con la que, con cuidado extremo, detuvieron el conteo de la bomba.
Cansado y asustados festejaron que Oscar se había salvado.
Todos juntos en el sillón de living conversaban y la gran pregunta era ¿Quién puso la bomba? Y ¿Por qué?
Claudia dice:- fue el perro del vecino
Jefe la policía:- ¿El perro? ¿Usted, esta segura?
Claudia:-¡Sí!
El Jefe de policía, recorrió toda la casa, buscó huellas, rastros, que le permitieran descubrir la verdad.
Estaba buscando en la casa de Oscar y se encontró con unas huellas, que siguió y lo llevaron a la casa de Raúl. Entró y vio lo que había sucedido: había armado su perro robot.
Raúl:- ¡Si, es verdad! ¿Cómo lo supo?
El Jefe de policía relató lo que sucedió:-Encontré la sangre en el jardín, la analicé y descubrí que una pertenecía al perro y otra a su vecino. Oscar había ahorcado al animal ¿Por qué? Estaba cansado de que le ensucie el jardín y ya había secado un árbol de peras que él había cultivado desde pequeño.
Raúl había encontrado a su perro muerto en el jardín y se lo llevó a su laboratorio para hacerlo como un robot y en venganza, lo envió a colocar la bomba.
Terminó de llover, a Raúl lo llevaron detenido, Oscar y Claudia festejaron con papel picado.
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