En un valle de Catamarca vive Roque. Él es gordo, barbudo y tiene 34 años.
Una mañana hacia mucho frío y Roque estaba en su querido
salón – museo, sentado en su sillón, leyendo el diario. Él era coleccionista de cabeza de animales.
Odiaba los animales. Cuando tenía 14 años sus padres tuvieron un accidente. Iban a caballo por la montaña y los sorprendió una tormenta de lluvia y viento. Los caballos se asustaron, se cayeron al piso y uno de los animales le dio una coz en la cabeza a su padre y la madre llegó sin vida al hospital. Roque enceguecido e impotente mato los dos caballos. Se hizo cazador vengativo.
Terminó de leer el diario, lo puso sobre una mesita de vidrio, se levantó del sillón, dio un bostezo y miró su querido salón de museo. Tenía muchas cabezas de animales y le faltaba una cabeza: ¡la de un león!
En ese momento sonó el teléfono y atendió.
Mientras, en África, donde había muchas peleas raciales, en una aldea estaban preocupados por un león. Un león distinto a otros leones, de color gris con una melena suave y limpia. No ataca como otros para comer, su presa favorita son cazadores.
Los habitantes de la aldea contrataron un cazador, gordito y de 33 años, para cazar a ese león.
El cazador estaba en su choza limpiando la escopeta, cuando escucho un ruido. Tomó la escopeta y fue caminando hacia la puerta, salió y no vio nada. Caminó alrededor de la choza, no encontró nada; finalmente entró. No podía creer lo que veía; ahí estaba el león. El cazador no hizo tiempo y el león se abalanzó sobre el hombre y lo mató. El león lo agarró con los dientes del hombro y se lo llevo a su casa.
En otra parte del mundo, Roque viajaba a África en avión, cómodo, mirando televisión. Pensaba en aquella llamada. Cuando atendió y del otro lado del tubo, un señor lo contrataba para cazar un león especial. Hoy, ese hombre lo esperaba en el aeropuerto, en puerta dos.
Roque no tenia muchas ganas de viajar, porque ese día celebraba el 25 de Mayo que para él era sagrado.
Estaba dormido en la butaca del avión y de pronto tuvo ganas de ir al baño, fue y cuando estaba sentado en el trono sonó el Himno Nacional. ¡Se paró en seco! …. ¡Se eeennsució todo el pannntalón! ¿Qué hago ahora?
Afortunadamente un pasajero le prestó un pantalón.
Al rato llegó a África.
Roque se subió a un taxi para que lo llevara a un hotel. Unas pocas horas después llegó, al hotel, el señor que lo había llamado a Catamarca. Era el jefe de la tribu, que se llamaba Los Taílos. Hablaron y organizaron el plan.
A la mañana siguiente, subieron a un sheep Roque, el jefe y tres baquianos que salieron a la caza del león por un camino de tierra.
En el trayecto vieron muchos animales: manada de jirafas, de búfalos, cebras que corrían, una elefanta con su cría, en el cielo una hermosa bandada de cigüeñas y allá, a lo lejos una arboleda donde acampar.
Llegaron al lugar, se bajaron los cinco ocupantes, sacaron sus equipos y se fueron a caminar, querían reconocer la zona donde murió el cazador.
Todo el día rastrearon el lugar y no encontraron señales del extraño animal. Llegó la noche, hicieron un fogón, comieron y se fueron a dormir. A medianoche sintieron un ladrido furioso que lo escuchaban hasta los muertos.
Al día siguiente, se levantaron y siguieron su ruta por un largo rato. Roque iba en el sheep y con la larga vista observaba el exterior y de pronto ¡lo vio! El león estaba escondido detrás de unos arbustos
Le dijo a los otros: –No se mueva nadie, voy contra él.
Roque bajo suavemente y caminó hacía el león como si tuviera un duelo con la fiera, parecía una escena de un western.
Los dos se acercaron lentamente, Roque apuntó con la escopeta, y el león se abalanzó sobre cazador. Roque apretó el gatillo, el tiro…
Una semana más tarde, llovía, en una montaña había casita donde vivía el león con su leona. Ella le limpiaba la melena mientras él apreciaba sus trofeos de cabeza de cazadores.